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Género en perspectiva: la precariedad en el empleo doméstico tiene rostro de mujer migrante

personas cuidadoras adecuadas

El 87 % de las personas que trabajan en el sector son mujeres y, de ellas, el 69 % son migrantes

España ocupa el segundo lugar en Europa con más personal en el sector del hogar y cuidados. El empleo del hogar supone, en España el 3,25% de la población activa, un 5% si hablamos de mujeres trabajadoras. Además, en todo el país hay más de 565.000 personas están empleadas en trabajos del hogar, de las cuales unas 521.000 son mujeres, o sea, El 87% son mujeres. El 69% son migrantes y un porcentaje muy alto de ellas son extranjeras, especialmente de América Latina. A esto hay que añadir que, según el Informe Esenciales y sin derechos, de Oxfam Intermon, se destaca que el 32% del trabajo del hogar es informal; oculto, sin derechos y sin cotizaciones.

Unas 40.000 mujeres trabajan como internas, 9 de cada 10 de ellas son extranjeras y 1 de cada 4 cuida a un adulto dependiente. Se trata de un trabajo especialmente vulnerable a los abusos en los que la presencia en el domicilio de los empleadores se convierte en una disponibilidad plena. Todas las mujeres que trabajaban como internas y entrevistadas para esta investigación reportaban preocupación por su salud mental y emocional debido al estrés, el agotamiento y el aislamiento.

La modalidad de interna presenta jornadas interminables. Más de 1 de cada 10 trabaja más de 61 horas semanales y el 7,4% más de 71 horas, lo que se traduce entre 8 horas y media a más de 10 horas durante 7 días de la semana. La presencia de las mujeres en los domicilios de los empleadores y su escaso poder de negociación las lleva a estar disponibles para requerimientos continuos; sus vidas quedan supeditadas a las de sus empleadores.

Las condiciones laborales precarias tienen un impacto directo en la salud de las trabajadoras. Según la encuesta realizada por Oxfam Intermón, el 90,6% de las trabajadoras del sector han sufrido dolores musculoesqueléticos en el último año, el 65,5% han experimentado estrés y el 59,2% ansiedad. En un 74% de los casos necesitan consumir ocasional o regularmente analgésicos para enfrentar sus jornadas laborales. Además, casi un 50% declara haber sufrido faltas de respeto, insultos y trato discriminatorio, un 29,7% impagos de salario y un 17% proposiciones de carácter sexual. Un problema agravado por la falta de regulación de su situación migratoria y el carácter privado del espacio donde se desarrolla su labor. La pobreza de las trabajadoras del hogar multiplica la del conjunto de personas trabajadoras.

Las mujeres con más de 55 años, encuentran, nuevas vulnerabilidades al ver su propia salud en declive y disminuida su capacidad para hacer frente a las largas jornadas de trabajo físico. La acumulación a través de los años, el desgaste de la actividad, los desplazamientos y la exposición a productos químicos y de limpieza hacen mella en la salud de las trabajadoras más mayores. Por otro lado, con la edad también pierden capacidad para realizar tareas de limpieza que exijan agilidad o fuerza, como subir a escaleras o desplazar cargas pesadas, y son más susceptibles a sufrir accidentes o caídas con periodos de recuperación cada vez más largos, lo que las apartaría del mercado laboral y las sitúa en una gran vulnerabilidad económica.

El peligro del desempleo en esta franja de edad es notorio, dado que las dificultades de reinserción son cada vez más pequeñas, a pesar de que pueda existir cierta demanda para labores de acompañamiento y cuidado. En esta misma línea, para las trabajadoras el momento de la jubilación supone en muchos casos un deterioro de sus condiciones de vida por las dificultades por no haberse encontrado trabajando de forma regular o cotizando a la Seguridad Social por menos horas reales de trabajo. En caso de no poder percibir una pensión contributiva, queda la opción de la pensión no contributiva, que sin embargo para las personas extranjeras exigen haber residido legalmente en España durante al menos 10 años y de forma ininterrumpida los 2 años previos a la solicitud. Cabe destacar que en la práctica totalidad de las trabajadoras migrantes no cuenta con una casa en propiedad al final de su vida laboral, por lo que la pensión mínima que pueden llegar a percibir, en caso de encontrarse en situación administrativa regular, no es suficiente para cubrir los costes de vida básicos como alquiler y manutención. Para poder hacer frente a estas situaciones de explotación, segregación y violencia, es importante la información.

En resumen las mujeres migrantes sufren de de Precariedad Laboral con largas jornadas, bajos salarios, falta de descanso y condiciones de vivienda deficientes, enfrentando la doble discriminación por ser mujeres y migrantes. Su trabajo es poco reconocido socialmente, y son susceptibles a explotación y falta de acceso a derechos laborales y de salud. Se encuentran con la falta de Información y desconocimiento de sus derechos laborales y migratorios. Asumen una doble carga, al enfrentar el cuidado de otros y, a menudo, la distancia de sus propias familias. Ante esto las mujeres migrantes se organizan.

Para eso es fundamental generar espacios de visibilización, diálogo y formación que permitan construir estrategias de incidencia y reconocimiento. Por ello son importantes las iniciativas y apoyos de organizaciones sociales  como Alianza por la Solidaridad, la Red Acoge, el Servicio Jesuita a Migrantes, ACCEM, MPDL, APDH, entre otras, trabajan en formación, orientación y defensa de sus derechos en diferentes ciudades de todo el país.

Estas trabajadoras son pilares silenciosos del cuidado, cuya lucha constante busca transformar su realidad de invisibilidad y precariedad en un reconocimiento digno y pleno de sus derechos, un reto fundamental para sociedades que dependen de sus manos para el bienestar. Esta situación se agudiza en las mujeres migrantes rurales enfrentan invisibilización y serias dificultades para acceder a derechos básicos como vivienda, salud o empadronamiento, lo que restringe su participación en la sociedad y en la vida pública. En el ámbito laboral, muchas sufren explotación, acoso y abuso sexual. A pesar de estos problemas las mujeres migrantes en el ámbito rural se auto organizan y se apoyan con estrategias propias para poner solución a las problemáticas que sufren.

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