El documento describe cómo impacta la tecnología en los jóvenes y su incidencia en la salud sexual y relaciones sociales
Abrimos ahora una ventana a la promoción de la salud y la prevención de las ITS. Es nuestro espacio “Vida sana”, en el que vamos a conocer diferentes maneras de abordar esta cuestión durante el mes de noviembre. Recientemente, UNICEF presentaba el Informe ‘Infancia, adolescencia y bienestar digital’, elaborado por Red.es, UNICEF España, el Consejo General de Colegios Profesionales de Ingeniería Informática y la Universidad de Santiago de Compostela.
A la cita acudían autoridades como el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego. El documento describe cómo impacta la tecnología en los jóvenes y su incidencia en la salud sexual y en sus relaciones sociales. Por ejemplo, el documento expone que el 29,6 % de los jóvenes que han participado en el estudio dice haber consumido pornografía en alguna ocasión. De este grupo, en uno de cada tres casos ha sido de manera fortuita.
“Cada vez, el inicio de las relaciones sexuales se produce de manera más temprana”. Por ello es importante que, a esas edades, sepamos “cuáles son sus modelos de referencia para poder sentir, entender y comportarse”. En estos términos lo ha expuesto Antonio Rial, profesor de la Universidad de Santiago de Compostela y uno de los responsables de este trabajo, en la Onda Local de Andalucía.
En paralelo, el 70 % de los jóvenes entre los 11 y los 15 años no hablan de sexualidad en sus casas con sus familias. “Uno de cada tres consume consume pornografía con cierta regularidad”, ha explicado. La edad media de acceso a estos contenidos se sitúa en torno a los once años y medio. “Eso no es inocuo”, ha explicado Rial. En muchos casos, ello induce “a presiones” o a “violencia” en las relaciones sexuales, y eso tiene derivaciones en los comportamientos personales y grupales (las “manadas”, ha citado el experto), la salud mental (como la aceptación del cuerpo) y también tiene un sesgo de género. “Esto debe movernos a la responsabilidad a hacer algo”, ha razonado.
El también integrante del grupo de investigación de Psicología del Consumidor y Usuario de la USC ha expresado que estamos ante una “magnífica oportunidad” para reforzar nuestro afán “para educar positivamente”. De igual modo, ha apostado por “quitar peso al entorno digital”. Ello lo justifica aduciendo que esa balanza está “claramente desequilibrada” a favor del uso de los dispositivos móviles y las redes sociales. Entre los riesgos, ha detectado la “hipersexualización” de los adolescentes. “Eso no significa ser paternalista, sino ser responsable”, ha ampliado.
Según el documento, el 58,4 % de los encuestados para el documento ha hablado con personas desconocidas en la red y el 25,1 % ha recibido mensajes de carácter sexual. Aún más, casi el 9 % ha recibido presiones para enviar fotos o videos de carácter erótico o sexual. No obstante, estos datos son mejores que los registrados en 2021, en el informe Impacto de la Tecnología en la Adolescencia. “Este estudio arroja luces y sombras. Queremos ver el vaso medio lleno”, ha dicho.
Los primeros estudios se centraban en las conductas de riesgo online y, como consecuencia de la mayor concienciación ciudadana, el descenso es “muchísimo”. No obstante, falta “no solo centrarse exclusivamente en las conductas de riesgo online, sino en lo que cataloga como “un nuevo ritual de relación”, en referencia al sexting. Un fenómeno, el de intercambio de imágenes y o vídeos de contenido sexual atañe a menores y a adultos. En ese terreno ha puesto el foco en la importancia de la educación. Igualmente ha abordado el papel que juega el grooming y se ha referido a cómo establecer “el marco de seguridad para que esto no suceda”.
Los y las adolescentes están registrados en redes sociales de forma masiva: el 92,5 % participa en al menos una red social y el 75,8 % en tres o más. Incluso en los últimos cursos de Primaria, el 78,3 % ya tiene presencia en alguna red. Así, el informe reza que la presencia del teléfono móvil se hace patente desde los últimos años de Primaria: a los 10 años, el 41 % de los niños y niñas dispone de móvil propio, porcentaje que asciende al 76 % a los 12 años de edad. En la ESO, prácticamente todos –el 92,8 %– tiene su propio teléfono, siendo la edad media de acceso al móvil los 10,8 años.
“Eso tiene un peaje a nivel de salud mental en términos de depresión, salud mental, riesgo suicida…”, ha indicado Rial. De hecho, la sobreexposición en las redes sociales llega a multiplicar por tres el riesgo suicida de los menores.
ENTREVISTAMOS A ANTONIO RIAL, PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD DE SANTIAGO DE COMPOSTELA
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