Un estudio de las universidades de Sevilla, Roma Tre y EBD confirma la presencia de plásticos en la almeja escrobicularia plana
Un equipo de investigadores de la Universidad de Sevilla, la Estación Biológica de Doñana y la Universidad de Roma Tre ha detectado microplásticos en la almeja escrobicularia plana, conocida popularmente como coquina de fango, en los estuarios de los ríos Guadalquivir y Guadiana. El hallazgo alerta sobre el impacto de esta contaminación en especies de consumo humano y en toda la cadena trófica.
Según explicó Íñigo Donázar, miembro del equipo investigador, la mayoría de los residuos encontrados eran fibras oscuras, probablemente procedentes “del lavado de ropa y de una deficiente filtración en las plantas de tratamiento de aguas residuales”. El trabajo comparó la situación en ambos ríos y reveló que, contra lo esperado, no existen grandes diferencias en la concentración de partículas. Sí se hallaron, en cambio, variaciones en la composición de los plásticos detectados.
Uno de los resultados más llamativos ha sido la mayor concentración de microplásticos en ejemplares más pequeños. “Esto nos lleva a pensar que los individuos de mayor tamaño pueden desarrollar mecanismos para eliminar microplásticos o para evitar la captación”, señala Donázar, subrayando que será necesario seguir investigando cómo afecta esta diferencia a niveles tróficos superiores.
El estudio destaca la importancia de esta especie como bioindicador, ya que capta microplásticos tanto de la columna de agua como del sedimento, ofreciendo información precisa sobre el estado ambiental de los estuarios. Pero el hallazgo también preocupa desde el punto de vista alimentario. “Esta almeja es consumida por otros organismos de la cadena trófica como crustáceos y peces y directamente por el ser humano”, apuntó el investigador, recordando que en zonas como Cádiz o Huelva se sigue recolectando y comercializando pese a las restricciones derivadas de la contaminación.
Los investigadores coinciden en que trabajos de este tipo son esenciales para comprender el alcance del impacto humano en ecosistemas costeros. “Tener especies bioindicadoras es importante para el control ambiental y, si además son de consumo, se convierte en un asunto de salud pública”, concluyó Donázar.
ÍÑIGO DONÁZAR ARAMENDÍA – INVESTIGADOR EN ECOLOGÍA MARINA Y ESTUARINA
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