La panadería El Chispa y La Molletería de Daniela apuestan por lo artesanal: “Es una elaboración muy peculiar y poco mecanizada”
Marchena ha reivindicado uno de sus sellos de identidad gastronómica: el mollete. Esta pieza de pan blando y airosa, inseparable de los desayunos andaluces, ha cumplido 75 años desde que la panadería El Chispa abrió sus puertas en 1950 de la mano de Manuel Jiménez Suárez. Hoy, aquel negocio familiar ha dado lugar a una empresa filial, La Molletería de Daniela, dirigida por Daniel Pazos, que se ha convertido en distribuidora oficial en la provincia de Sevilla.
En esta línea, Pazos ha recordado que los molletes marcheneros se caracterizan por tener “una elaboración muy peculiar, muy poco mecanizada y muy artesanal”, lo que les confiere una calidad distintiva. A ello se suma el uso del ajonjolí, que, en sus palabras, aporta “ese toque árabe que los hace únicos”.
Desde la creación de la filial hace tres años, la expansión ha sido constante. Según ha explicado su responsable, ya cuentan con una red de 200 clientes fuera de Marchena, con reparto diario en localidades como Utrera, Carmona, Arahal, Tomares o Camas, además de varios barrios de la capital sevillana. “Lo más lejos que llegamos es a Palomares del Río”, ha detallado.
La magnitud del negocio se refleja en las cifras. En el último ejercicio, Pazos ha asegurado que se han vendido 876.000 molletes, un dato que muestra la demanda creciente de este producto tradicional.
Pero más allá de los números, el panadero ha querido poner en valor la forma correcta de degustar un mollete marchenero. “Para disfrutarlo en su apogeo total hay que meterlo en el tostador cerrado y abrirlo después, ya con el jamón, el tomate o el aceite encima”, ha recomendado.
DANIEL PAZOS – COMERCIAL DE “EL CHISPA” Y GERENTE DE “LA MOLLETERÍA DE DANIELA”
Podcast: Reproducir en una nueva ventana | Descargar (Duración: 5:46 — 13.2MB)




